Semana 6 Mi primera Dieta

Hola, volvi de la dieta: lo que les transmita aquí será un granito de arena, porque es tan inmensa la experiencia que es difícil volcarla en un relato.

El viernes al mediodía, antes de subir, es optativo ir a la misa que se celebra en la capilla de Takiwasi, en la que se pide protección y guía para todos los que van a dietar, se bendicen las plantas que vamos a tomar. Yo creo que hacía mas de 10 años que no iba a una misa y fui. Fue reparador ver a un cura bendecir la botella de ayahuasca (después de toda la historia vivida entre la iglesia y los indígenas en estos 500 años…)

Almorzamos y subimos caminando una hora y pico hasta el monte. El lugar al que fuimos pertenece a Takiwasi. Son 40 hectáreas de selva, conservada lo mas virgen posible, con el Río Shilcayo que la atraviesa. En el centro esta la casa del cuidador, cerquita esta la maloca que es donde tomamos ayahuasca y luego están distribuidos por el monte unos 20 “tambitos”, cada uno con el nombre de una planta.

Al llegar dejamos las cosas, cada uno en su tambito. Luego nos dieron una ishangueada (ishanga en quechua es la planta de ortiga) y nos bañamos en el río. A la tardecita tomamos mucura que parece un licuado de ajo, sirve para quemar impurezas y proteger energéticamente.

A la noche, ayahuasca. Ya ahí, empecé a recibir las primeras curaciones bien bonitas: la semana anterior a la dieta había estado con muchísimo miedo. Le preguntaba al terapeuta cosas como que pasa si me pica un bicho venenoso y estoy sola y no tengo a quien pedirle ayuda, o que pasa si tengo mucho miedo a la noche y con el miedo me cruzo. Miedos que apuntaban a la sensación de estar “desamparada”, una sensación muy arraigada en el cuerpo, que frente a una vivencia tan nueva para mi como hacer una dieta en la selva, se había activado.

Entonces la ayahuasca me dijo algo así: “Pone la mano en tu corazón, ¿sentís como late? Con cada latido está enviando sangre a todo tu cuerpo. Si hay sangre fluyendo en tu cuerpo es porque estas viva. Imagina que con la sangre va también amor porque el solo hecho de estar viva es un acto de amor. Tu cuerpo esta lleno de amor.”

Yo me quede en un profundo y reparador silencio, sintiendo todo mi cuerpo y en ningún momento de la dieta sentí miedo, ni soledad, mucho menos desamparo.

El segundo día, en este caso el sábado, es de ayuno completo, no nos dan ninguna comida. Se empieza a tomar la planta de la dieta, la mía era Ajo Sacha. Otra preocupación que había tenido era como iba a hacer para sostener la sensación de hambre. Pero fue tan fuerte sentir mi cuerpo lleno de amor que ni el hambre me molesto ese día.

El domingo, me trajeron el primer plato de comida después de 48 hs: Inguiri (el plátano verde hervido) con Mingado (arroz hervido con mucha agua y sin sal). Fue el plato más rico.

Todos los días tomaba Ajo Sacha a la mañana y a la tarde. Como es una planta que calienta el cuerpo, cada vez que la tomaba tenía que bañarme, en el río o en una tina que me trajeron (el conocido fuentón) y no exponerme al sol, porque sino enseguida sentía un calor fuerte en la cabeza.

Las plantas de dieta actúan en todos los planos: físico, emocional, mental y espiritual.

Ajo Sacha es una planta solar, actúa en el plexo solar, por eso para tomarla hay que tener el estomago vacío, sino no puede trabajar. Con esto aprendí a diferenciar la sensación de hambre que puede llevar a la desnutrición, a enfermar y hasta morir; del hambre en un contexto ritual, en un ayuno, en una dieta de plantas. Este segundo hambre, no solo no es una sensación desagradable sino que es necesaria para acceder a determinados estados de expansión tanto de la percepción como de la conciencia.  Y para mi, con una historia de adicción al picoteo de cositas dulces, que jamás llego a sentir hambre, reconciliarme con esta sensación, es sentar una base solida para dejar ese hábito de comer a cada rato.

Ajo Sacha también trabaja en el cuerpo físico, en el sistema circulatorio armonizando la temperatura de venas y arterias. Cuando hay várices hay una desarmonía en las temperaturas (tanto para la medicina indígena como para la oriental). Tengo várices desde los 14 años… y durante la dieta estuvieron totalmente desinflamadas, casi no se veían. Y por supuesto nunca sentí dolor en las piernas.

Cociendo senti amorA nivel mental, Ajo Sacha es una planta de luz, inspira pensamientos muy luminosos, y con esto me paso algo bellísimo que quiero compartir. Entre las cosas que me lleve para hacer (como mi cuaderno para escribir) lleve una tela para hacerle el dobladillo. Cuando estaba cosiendo, super concentrada, de pronto recordé todas las veces que vi a mi madre cosiendo algo para mi. Es como si en ese momento hubiera entendido por primera vez, la manera que tuvo mamá de cuidarnos, de darnos su amor. Como si la planta me estuviera poniendo el subtitulado de una película que había visto muchas veces, pero recién en ese momento podía sentir y comprender. Como si con cada puntada yo estuviera recibiendo todo su amor. Lloraba de felicidad y sentí que estaba orgullosa de tener la mamá que tengo. El sentirme amada y cuidada por mi madre es una sanación es de un profundísimo nivel de curación en todos los planos de mi ser.

La dieta fue realmente abundante en enseñanzas y curaciones. Elegí compartir estas y no quiero hacer mas extenso el relato.

Quizás ahora vaya quedando un poco mas claro como es que las plantas curan y enseñan.

A lo largo de este año seguiré haciendo otras dietas. Mas o menos se puede hacer una cada dos o tres meses, no antes. Porque la planta sigue trabajando en todos los planos, a través de sueños, etc. Como pasa en la naturaleza: no se siembra una semilla y al otro día se recogen sus frutos. Hay que darle tiempo, hasta que se pueda cosechar. Hacer una dieta es como sembrar la semilla de la planta en el ser, y necesita tiempo…

El corte de dieta lo hicieron el sábado a la tarde con una ensalada de cebolla picada bien chiquita, jugo de limón y sal, que pasaron a dar en cada tambito y después nos juntamos todos para compartir una sopa que estaba riquísima. Volvimos nuevamente cada uno a su tambo a dormir, también para darle tiempo al campo energético que se empiece a cerrar con la ingesta de sal. El domingo desayunamos otra vez sopa y bajamos caminando a la ciudad de Tarapoto.

Ahora vienen 15 días de post-dieta en la que no puedo comer nada dulce, ni un montón de otras cosas. Pero si sal porque la sal cierra el campo energético, y en la ciudad eso es necesario. Durante la dieta la falta de sal hace que el campo se expanda, entonces todos los sentidos tienen mayor alcance, se escuchan sonidos desde muy lejos, se huele desde lejos con mucha nitidez. Por eso se hace retirado, en aislamiento y en la naturaleza. Si en la ciudad expandiéramos el campo así, nos podríamos enfermar.

Bendiciones para todos,

Con cariño,

Inés

 

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